Senda mitológica del monte Hozarco

Aunque algunos fanáticos del senderismo, este deporte que se trata de caminar diferentes clases de rutas o travesías, que varían en dificultad y riesgo, suele llevarnos a lugares apartados de la civilización, en busca de lo mejor que puede ofrecernos la naturaleza en cuanto a vistas y compañía silvestre. Aun así, los mejores senderos suelen tener algunas huellas de la adaptación del ser humano, con el fin de hacerlos aptos para ser recorridos.

Esto no solo implica el marcar una ruta o un camino específico para la actividad, sino que en ocasiones se suele adornar un poco el mismo para darle más vida, belleza y emoción, aunque a veces la simbología de la cultura queda completamente plasmada en este hecho. Tal es el caso de una pequeña senda bastante popular ubicada en Cantabria, que cuenta con un recorrido cargado de enseñanza rural y emancipación de las leyendas y los cuentos locales.

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Se trata de la senda mitológica del monte Hozarco, un camino que, gracias a la colaboración del Ayuntamiento municipal junto a la comunidad, en compañía del conocido artista local Fran Querol, da vida a una de las más exóticas y bonitas formas de aprender sobre la historia y la cultura de las creencias populares de esta zona, con esculturas y estatuillas de seres que parecen sacados de las mejores películas de Hollywood.

Sin embargo, hablamos de una vía de transito que solo se puede recorrer a pie, por lo que se debe tener en cuenta la dificultad y el trayecto antes de escoger recorrerla, entre otros detalles como lo que nos encontraremos durante toda su longitud. De esto y más vamos a conocer en esta ocasión, para no quedarnos con las ganas de saber si realmente vale la pena el viaje hasta esta área y, sobre todo, si se trata de una atracción natural para el disfrute de los niños.

Localización del sendero

Habiendo dos posibles ingresos a este sendero, como veremos más adelante, es posible llegar a cualquiera de ellos siguiendo la misma ruta, pues se trata de un camino bastante corto, ubicado en el municipio de Peñarrubia, al occidente de la comunidad autónoma de Cantabria. Forma parte de la comarca de Saja-Nansa, por lo que llegar no requiere de gran esfuerzo, ya que el destino es conocido por estar cerca del desfiladero La Hermida.

Cómo llegar a esta atracción

Para llegar al comienzo de la ruta hay que atravesar la carretera que cruza la extensión del Desfiladero de la Hermida, por lo que ingresaremos a este espacio desde la autopista principal A-8, que recorre todo el norte del territorio cantábrico. Debemos estar al pendiente para tomar el desvío de la carretera N-621, con dirección al desfiladero más largo de la península ibérica, que también se recomienda mucho visitar

Tras pasar la famosa subida a Tresviso desde Urdón, y en el mismo pueblo de la Hermida, tomaremos la desviación a la izquierda, por la carretera CA-282, que indica dirección Puentenansa. Luego el camino es sencillo, aunque es una vía de alta montaña con curvas no apta para los que tengan mucho vértigo, son solo nueve kilómetros hasta llegar a un cruce  el que  indica Piñeres a la izquierda y Cicera a la derecha.

Por supuesto, tomamos la salida de la izquierda, siguiendo la misma carretera CA.282 con destino a Piñares unos 10 kilómetros más, hasta encontrar el cartel indicativo del Monte Hozarco y el Mirador de Santa Catalina, así como la ermita que lleva el mismo nombre. Desde el cruce de Piñares, tras los 10 kilómetros avanzados, son otros dos más hasta llegar al inicio de la ruta de la Senda mitológica en Peñarrubia.

El comienzo de la ruta

Existen dos formas de ingresar al sendero mitológico, de acuerdo a los gustos personales del visitante o la disponibilidad, por la zona desde la que provienen. La primera es la más cercana al pueblo, donde podemos encontrar una Ermita antigua que aún se encuentra en funcionamiento, mientras que la segunda, si venimos en coche desde la carretera del Desfiladero de la Hermida, nos lleva directo hasta el Mirador de Santa Catalina.

Sin embargo, los locales no solo consideran la primera forma como la correcta para subir, sino que esto hace que dicho punto sea tomado en cuenta como el comienzo de la senda, ya que de otra forma, si vamos en automóvil, luego tendremos que tomar el retorno en subida para volver a este, lo que puede agotarnos más y no permitirnos disfrutar de las maravillosas vistas o lo que podemos encontrar en la zona del pueblo de Linares.

La Ermita de Santa Catalina

Si nos decidimos por la recomendación de los habitantes de la localidad, justo al principio de la senda marcada nos encontraremos con esta Ermita del siglo XVII, que aunque ha sido restaurada, aún conserva todo el esplendor de las señales que la relacionan con la época en la que fue construida, además de ser un importante punto de partida para los peregrinos y creyentes que esperan conocer la historia y la cultura detrás de esta senda mitológica.

La pequeña construcción es algo rústica, de forma alargada y una planta rectangular sin espadaña ni ornamento alguno, con cubierta de madera y teja de cuatro aguas de estilo árabe, bastante sencilla en su conjunto. La nave única que cumple la función de capilla está adosada y se estrecha hacia la parte trasera, separada del porche enrejado por un arco de medio punto, todo armado con gruesos muros de mampostería concertada con argamasa.

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La mitología de Cantabria inmortalizada en esta senda

Aunque la razón de visitar este camino tan hermoso sea admirar la naturaleza, empaparse del folklore rural o simplemente tomarse un tiempo para ejercitar el cuerpo, sería un poco aburrido recorrerlo sin conocer un poco sobre las esculturas que lo adornan. Por ello, para llegar con la mente preparada para lo que veremos, vamos a conocer un poco de lo que simboliza cada una de las representaciones que encontraremos durante el trayecto.

Además, en caso de estar buscando información sobre Cantabria, aun si no podemos visitarla o no está entre nuestros planes a corto plazo, siempre resulta entretenido poder leer y conocer un poco de las leyendas urbanas y la cultura. Por ello, para quienes están interesados en esta historia de creencias y maravillas, no podemos dejar pasar esta pequeña oportunidad tan singular.

El Roblón

Cuando vemos al Roblón nos imaginamos una de las esculturas más complejas de la colección, pues se trata de un roble natural que, entre los espacios de su tronco, tiene un niño atrapado. Este representa un árbol en el que, en el pasado, se refugió una joven en una noche de tormenta, pero al sentir el calor de la niña, la abrazó y absorbió su alma; desde entonces el Roblón recorre el monte destrozando cualquier cosa que se encuentre a su paso, como cabañas y otros árboles.

La Ojáncana

Como en toda creencia de carácter cultural y rural, están los seres buenos y otros que, por lo que representan en sí mismos o las acciones que se les atañen, no lo son tanto. Un ejemplo sería la esposa del Ojáncano, una mujer con unos colmillos muy grandes y afilados que, según la leyenda, sale de las cuevas oscuras y profundas en las que habita para buscar y devorar niños perdidos que se acerquen mucho al bosque.

Está representada con una estatuilla de tamaño natural, como la mayoría de las que encontraremos durante el trayecto, con detalles que la hacen parecer una mujer ruda y de mal carácter, corpulenta y con un rostro bastante poco agradable. Lo más singular de esta, es que tiene unos pechos tan grandes que cuelgan hacia tras, llegando a la espalda por sobre los hombros.

El Arquetu

No todos los seres cuentan una historia, sino que algunos representan una enseñanza o moraleja dentro de su leyenda, como es el caso de este anciano de buen corazón, representado con un manto blanco, una talega y un cofre de oro que lleva bajo el brazo. Se dedica a ayudar a los que perdieron todo su dinero en apuestas, juergas y demás vicios, siempre que estos se arrepientan; más si vuelven a recaer en los mismos, los condena a una vida de mendigar y pedir limosna.

El Pecu Ave

“Pecu, Pecu, Pecu, colita de escoba: ¿Cuantos años quedan para mi boda?”. Con esta frase, se cuenta que las mujeres preguntan a este ser sobre la fecha de su casamiento, ya que es quien decide cuándo deben forjar una alianza en matrimonio. A diferencia del resto de las esculturas, que se erigen en el suelo, podemos encontrar esta sojera entre las ramas de un árbol frondoso, aunque bastante visible entre sus hojas.

Se trata de un hombre que se ha transformado en lo que es, tras empalar a un compañero por burlarse de sus malformaciones físicas, aunque no se cuentan cuáles eran estas exactamente. Ahora se le puede reconocer por sus alas de pájaro, su único cuerno en la cabeza, las garras de sus patas de ave y la ancha cola; si miramos más de cerca, notaremos en detalle que posee nueve dedos en una mano y solo dos en la otra.

Musgoso

Esta estatua de escala real, del tamaño de un adulto, lleva su nombre por la indumentaria que viste, consistente en ropa hecha de musgo y hojas de diferentes tipos, que los lugareños cambian de forma recurrente. Lleva un zurrón con una pequeña flauta, que se dice que toca para avisar de la venida de las tormentas, mientras que se dedica a ayudar a los pastores en algunas labores, así como a cuidar y mantener limpio el bosque.

Trenti

Un duende bueno pero bastante pillo, que ayuda a los pastores a encontrar el ganado y a las personas mayores que no pueden valerse por sí mismas, pero deciden entrar en el bosque. Viste con ropa de musgos, hojas y raíces, por lo que se hace casi imposible verlo, como si estuviese camuflado , valiéndose de ello para pellizcar las piernas y tirar de las faldas de las muchachas, para luego correr a esconderse entre los matorrales.

La Guajona

Una de las figuras de la mitología más recurrentes son las brujas, por lo que no debe sorprendernos que Cantabria tenga su propia representación de las mismas con esta escultura, que representa una anciana pequeña y vestida totalmente de negro, con un solo y largo diente superior que llega hasta la barbilla. Cuentan que con este se dedica a entrar en las casas por las noches, para chupar la sangre de los niños y jóvenes sólo para alimentarse, sin hacerles daño.

Los Caballucos del Diablo

De nuevo nos toca mirar hacia arriba para ver las estatuillas de caballucos del diablo volando sobre la Guajona. Pequeños caballos alados, con alas como las de las libélulas y montados por un pequeño diablillo a los que se les atribuyen los incendios y los destrozos en las tierras de labranza. Se debe prestar atención para encontrarlos, pues muchas veces solo se ven un par, aunque dicen que son 7 que vienen del mismo infierno y que suelen aparecer en las noches de San Juan.

Tentirujo

Este pequeño y malicioso duende se encuentra atado entre las ramas de un árbol, sentado en una de estas para vigilar a los viajeros que pasan por su zona, especialmente a las mujeres, ya que es un travieso lujurioso con la habilidad de hacerse invisible. Le gusta pervertir a las jóvenes solitarias, buenas y obedientes a las que convierte en mozas alegres, apasionadas e igual de lujuriosas, al acariciarlas con la raíz de una mandrágora.

El Trastolillo

Si queremos encontrar a este ser, también debemos vigilar la parte superior de los árboles, pues su representación se encuentra igualmente atada entre las ramas de uno de ellos, en la segunda mitad del recorrido de esta senda. Simboliza a unos pequeños parecidos a los gnomos, que son cuidadores del hogar, aunque por su comportamiento travieso y juguetón, suelen dedicarse a desordenar y revolver despensas o abrir y cerrar puertas para molestar.

El Ojáncano

El marido de la Ojáncana, es un ser maligno y cruel con 10 dedos en cada extremidad, tanto manos como pies; de aspecto ciclópeo que cuenta con un solo ojo y una enorme boca con dos filas de dientes, con una sola cana en su barba pelirroja, que es su debilidad. Tirar árboles, raptar jóvenes pastoras, destruir puentes, robar ganado y sembrar el rencor entre las gentes del lugar es su entretenimiento, junto a su bastón de madera que puede transformarse en lobo.

Las Anjanas

Al lado del malvado Ojáncano encontramos dos Anjanas en posición de defensa o de lucha contra él, cubiertas con túnicas azules y largos cabellos que les llegan hasta el suelo; portan un bastón o báculo en sus manos. Estas bellas hadas suelen vivir en cuevas y realizar hechizos para reparar el alma y calmar el dolor, mientras se rodean de flores olorosas; además, son bastante poderosas, por lo que son respetadas por todos los miembros del folklore cantábrico.

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Enanuco Bigarista

Este es el que puede describirse mejor solo por su nombre, ya que se trata de un personaje de baja estatura, que se encuentra sentado junto al camino, por lo que es fácil de reconocer, además de que lleva en las manos un bígaro (una caracola). Generoso y lleno de bondad, ayuda a todos los viajeros que lo necesitan, sin importar la razón o el problema, aunque si se siente engañado, se torna en un malvado enemigo capaz de atacar a quien sufre de falsa necesidad.

Cúlebre

El penúltimo habitante del sendero, en la cima de una pequeña cuesta empinada, posado sobre una roca, es este monstruo mitad serpiente y mitad dragón, parecido a los seres voladores de la mitología de China. Representa un animal con varios pares de alas cortas, garras en sus patas y una piel cubierta de escamas bastante duras, que viven en cuevas donde almacenan tesoros; aunque se alimenta de reses enteras, una vez al año secuestran una doncella para devorarla.

Osa de Andara

Finalizando este corto camino tan espectacular, nos encontramos con la representación de un ser que, aunque parece una mujer, es grande como un oso y todo su cuerpo está repleto de pelos, además que posee garras en sus extremidades. Es bastante apacible y se alimenta de maíz, raíces, castañas, frutos secos y leche, aunque a veces sale de caza para comer cabras u otros animales. No se le debe acorralar, pues se dice que la Osa de Andara atacará con fuerza a cualquiera que vea como una amenaza.

El final de la ruta

Como hemos dicho, se trata de una senda bastante corta y de poca dificultad, aunque el ascenso y la inclinación de algunas de sus pendientes pueden derivar en algo de cansancio al llegar a este punto final, después de la escultura de la Osa de Andara. Aquí podemos encontrar un espacio abierto, con aparcamiento para 4 o 5 coches, en el caso de ingresar al monte Hozarco desde la carretera.

Aun así, no se puede simplemente culminar este recorrido tan maravilloso y lleno de una cultura local asombrosa, tan solo con un letrero de señalización, por lo que nos encontramos con un mirador bastante increíble. Junto al mismo, veremos algunas reseñas con inscripciones sobre la elaboración de la senda mitológica, su cuidado y un mapeado que indica el trayecto que acabamos de tomar, con algunos detalles sobre el bosque de los alrededores.

El mirador de Santa Catalina

Una de las razones principales por la que muchos recorren este sendero, especialmente los que prefieren admirar la naturaleza que empaparse del folklore y las creencias culturales, es culminar el mismo en este punto a poco más de 700 metros de altura con respecto al nivel del mar. Aquí encontraremos una zona de descanso, con áreas libres y bancos donde reposar o tomar un refrigerio antes de regresar.

Sin embargo, la razón por la que es un punto turístico tan popular, se debe a la pequeña construcción de acero que soporta su peso sobre el borde del despeñadero, desde el cual se tiene un ángulo increíble, con una vista panorámica de gran parte del Desfiladero la Hermida. Se debe tener cuidado con los niños debido a la altura, pero también con quienes sufren de vértigo, ya que siempre es impresionante la gran caída libre que hay justo al borde del mirador, protegido por barandillas de acero.

El retorno a Piñares

Tal como hemos dicho en el apartado contrario, sobre el comienzo de esta senda, se puede recorrer desde un extremo, en el mirador, si llegamos por la carretera en coche. De este modo, tomaríamos la ruta en bajada y llegaríamos a la Ermita, pero si debemos regresar por el automóvil, tendremos que subir de nuevo o ir por la carretera andando, lo que puede ser un poco agotador si ya hemos visto todo el sendero.

Por esta razón es que, como al principio, se recomienda comenzar la ruta para culminar en el mirador de Santa Catalina, para luego bajar de nuevo al municipio de Piñares con más calma, sin sufrir el agotamiento una vez hemos descansado. De esta forma, podremos tomar el coche, si lo hemos dejado aparcado junto a la Ermita, para recorrer el corto trayecto hasta el pueblo más cercano, donde encontraremos alojamiento, zonas turísticas, fuentes de entretenimiento y establecimientos culinarios.

Cuidados y precauciones durante la caminata

Si nos gusta el senderismo y solemos practicarlo a menudo, sabremos que se tienen que tomar en cuenta ciertas cuestiones a la hora de comenzar con una ruta, las mismas de las que debemos informarnos si, por el caso contrario, somos principiantes, recorremos estas sendas de manera poco recurrente o simplemente deseamos visitar esta específicamente. No se trata solo de lo que debemos hacer sino de lo que debemos cuidar durante todo el trayecto.

Lo primero que se debe tener a consideración es que se trata de una ruta planeada para los niños, que suelen maravillarse con la mitología y el folklore que les presenta estos seres que alimentan su imaginación. Aun así, es un camino que se adentra en el bosque, por lo que nunca debemos dejar a los más pequeños fuera de nuestra vista o sin vigilancia, para evitar que pierdan el rumbo o se puedan confundir entre los árboles.

Aunque la longitud es de solo un kilómetro, se bene llevar agua para mantener el cuerpo hidratado, aunque también se recomienda algo de alimento, pues el hambre puede ser el principal factor de agotamiento durante la práctica del senderismo. Además, no debemos perdernos de la oportunidad de tomar un tentempié o hacer un pequeño picnic al finalizar, comiendo en familia o en pareja, acompañado de la increíble vista que se tiene desde el mirador.

Para evitar picaduras de insectos, muy comunes en los bosques de robles de la zona, se advierte sobre el uso de repelente o de ropa completa, que cubra todo el cuerpo, especialmente durante la época de invierno, ya que suele hacer bastante frío debido a la altura del monte Hozarco. En caso de querer subir la senda trotando, para realizar ejercicio cardiovascular, es recomendable el uso de pantalón deportivo o sudadera y no de short cortos.

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Aunque suene un poco repetitivo, no podemos dejar de mantener la advertencia sobre la altura en la zona del mirador de Santa Catalina, ubicado a casi 800 metros sobre el nivel del mar, pues se debe evitar cualquier accidente que pueda poner en peligro la vida y la integridad de las personas, especialmente los niños, las personas de tercera edad y los individuos asmáticos, que pueden sufrir de falta de aire por la altura y la caminata.

La senda mitológica del monte Hozarco se encuentra a cierta distancia del pueblo, donde podríamos encontrar asistencia médica o ayuda sanitaria en caso de accidentes, por lo que no debemos olvidar llevar un teléfono para comunicarnos si hay alguna emergencia. Otra recomendación, muy recurrente entre expertos en senderismo, es llegar consigo un pequeño kit de primeros auxilios, pues en estas rutas son comunes los resbalones, las caudas y las lesiones.

Para finalizar, debemos tener siempre presente que, aunque no se cuenta como un parque natural o una reserva protegida, la comunidad de Piñares siempre intenta cuidar y mantener limpio el monte y la senda mitológica, por lo que se pide a los visitantes abstenerse de arrojar basura o cualquier tipo de desperdicios. Mo olvidemos que cuidar de la naturaleza es cuidar de la vida misma, especialmente en estas zonas turísticas tan hermosas.

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